¡Cuanto daño nos hemos hecho queriendo no sentir lo que realmente sentimos! Ese reprimir, ese resistir, ese disimulo nos ha robado nuestra autenticidad, integridad e identidad. Debemos descubrir quienes somos en realidad...Utilizar bien nuestras emociones es el trabajo del alquimista: Aprovechar la melancolía para crear belleza; la agresividad para corregir situaciones; la compulsividad para dar vitalidad; la timidez para la prudencia y la sensibilidad para la empatía.
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